Los científicos encontraron que, tras solo cuatro meses en la guardería, los bebés ya compartían entre el 15 % y el 20 % de sus especies microbianas intestinales con otros niños del mismo grupo, una proporción que en algunos casos supera la heredada del entorno familiar. Esta transmisión aumenta progresivamente con el tiempo, creando una red compleja de intercambio microbiano entre bebés, cuidadores y hogares.
El estudio analizó a 43 bebés en su primer año de guardería en Italia, junto con familiares, personal educativo y mascotas. Los resultados evidenciaron que factores como el uso de antibióticos reducen temporalmente la diversidad bacteriana, aunque esta suele recuperarse rápidamente gracias a la incorporación de nuevas cepas. También se observó que los bebés con hermanos mayores, al tener una microbiota más diversa desde el inicio, adquirieron menos microorganismos nuevos en la guardería.
Tomado de: https://colchonesvela.com/
Además, los investigadores detectaron indicios de transmisión microbiana entre bebés y mascotas, lo que refuerza la idea de que el entorno social amplio influye en el microbioma infantil. Aunque aún no se conocen los efectos a largo plazo de estas dinámicas sobre la salud, el estudio resalta la importancia de las primeras interacciones sociales en la construcción del ecosistema microbiano que acompaña a los seres humanos desde sus primeros meses de vida.