Expertos coinciden en que esta situación está ligada a la hiperconectividad y a la sobrecarga cognitiva. Abrir y decidir qué hacer con cada mensaje requiere energía mental, por lo que muchas personas optan por posponer la revisión o evitarla por completo. Este comportamiento se asocia a la procrastinación, la ansiedad y la evasión de decisiones, y convierte los correos sin leer en recordatorios visuales de tareas pendientes.
Diversos estudios han demostrado que la acumulación digital no solo incrementa el estrés, sino que también se relaciona con pequeños fallos cognitivos, como despistes y olvidos. Priorizar lo urgente sobre lo importante, responder primero a los correos más fáciles y dejar los complejos para después son patrones comunes que, con el tiempo, afectan la productividad y el bienestar emocional.
Tomado de: https://es.wikipedia.org/
Además del impacto psicológico, existe un problema práctico: muchos documentos importantes se quedan almacenados sin organizar en la bandeja de entrada. Investigaciones muestran que dejar facturas, recibos o contratos sin clasificar aumenta el riesgo de errores y pagos tardíos. Organizar correos en carpetas, descargar archivos clave y eliminar lo innecesario reduce los descuidos y convierte el correo electrónico en una herramienta más manejable dentro de un sistema digital que sigue siendo central en la vida cotidiana.