De acuerdo con la información conocida, la operación fue atribuida a la CIA y contó con apoyo de inteligencia, aunque el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos negó su participación directa. La CIA, por su parte, se abstuvo de comentar, mientras que la Casa Blanca no respondió a las solicitudes de información. Este ataque marcaría la primera acción conocida de Estados Unidos contra un objetivo en territorio venezolano.
El presidente Donald Trump pareció reconocer el hecho en una entrevista concedida el 26 de diciembre, al afirmar que Estados Unidos destruyó una “gran instalación de donde salen los barcos con drogas”. Posteriormente, reiteró que el ataque se dirigió a la zona del muelle utilizada para cargar embarcaciones, aunque evitó precisar si la operación fue ejecutada por fuerzas militares o por la agencia de inteligencia.
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La acción se da en el marco de una creciente presión de Washington sobre el gobierno de Nicolás Maduro, que incluye ataques a embarcaciones sospechosas de narcotráfico, un bloqueo a petroleros sancionados y un fuerte despliegue militar en el Caribe. Altos funcionarios estadounidenses han comparado a los narcotraficantes con organizaciones terroristas y han señalado que continuarán usando tácticas similares a las empleadas en la lucha global contra el terrorismo, lo que podría aumentar aún más las tensiones entre ambos países.