Las entrañas de la tierra se iluminaron con ráfagas de neón y motores a máxima revolución.
La histórica Mina de Sal de Nemocón se convirtió en el escenario de como la primera carrera de drones realizada dentro de una mina en todo el continente americano.
Tomado de: Google.com
El evento marcó un hito para la tecnología y el deporte extremó en la región, ya que hasta ahora solo existía un antecedente similar en las minas de Polonia. La competencia reunió a los mejores pilotos de la Liga Colombiana de Drone Racing (LCDR), quienes enfrentaron un circuito subterráneo a 80 metros bajo tierra, en un entorno sin compromiso a 80 metros bajo tierra, en un entorno sin comparación con ninguna pista convencional del mundo.
La carrera también tuvo carácter internacional gracias a la participación de pilotos extranjeros que viajaron especialmente para asumir el desafío de volar dentro de las galerías de Sal de Nemocón.
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Competir en la mina significó enfrentar condiciones extremas imposibles de replicar en escenarios extremos imposibles de replicar en escenarios al aire libre. Sin señal de GPS, los pilotos dependieron exclusivamente de su habilidad y de una calibración precisa de radiofrecuencias para evitar interferencias generadas por las paredes de sal.
Las maniobras fueron realizadas mediante tecnología FPV Fist Person View, utilizando gafas que transmiten en tiempo real la visión del dron mientras atraviesa túneles estrechos, curvas peligrosas y cámaras milenarias a velocidades superiores a los 140 kilómetros por hora.
Con la participación internacional y el alto nivel técnico de la competencia, Colombia fortalece su posición como referente latinoamericano en la disciplina del drone rancing.
Más allá de preservar la memoria histórica y minera, Nemócon demostró que también puede convertirse en un laboratorio para el futuro y la tecnología.