Los takahē estuvieron considerados extintos durante décadas hasta su redescubrimiento, y desde entonces han sido objeto de estrictos programas de conservación. Se trata de aves longevas, que pueden vivir entre 18 y 22 años, pero que solo se reproducen una o dos veces en toda su vida, lo que hace que cada nacimiento sea especialmente valioso para la especie.
Bendigo y Waitaa, la pareja protagonista, llegaron al santuario hace dos años y no se esperaba que lograran reproducirse. Sin embargo, en octubre de 2025, el personal notó la desaparición temporal de la hembra y, al rastrearla, la encontró acompañada de su polluelo, que hoy tiene cerca de tres meses de edad.
Tomado de: https://es.wired.com/
Según responsables del santuario, el polluelo ya muestra rasgos propios de un adulto y representa un aporte crucial para una población que apenas alcanza unos 500 individuos en todo el mundo. El nacimiento refuerza la importancia de los esfuerzos de conservación y renueva la esperanza para la supervivencia de esta especie endémica.