Según la Clínica Cleveland, los garbanzos destacan por su alto contenido de fibra: una taza aporta cerca de la mitad de la ingesta diaria recomendada. Esto favorece la sensación de saciedad, ayuda a evitar excesos y puede contribuir al control o mantenimiento del peso. Su aporte nutricional, sumado a su accesibilidad, los convierte en un alimento ideal para incluir de forma regular en la dieta.
Entre las opciones para integrarlos a la alimentación diaria se encuentran preparaciones como el hummus, que combina garbanzos con limón, aceite de oliva, ajo y comino para obtener una crema suave; el pan de garbanzos, que se licúa y hornea con huevos, harina y especias; y los garbanzos en escabeche, una mezcla de verduras salteadas, vinagre y aromáticos que se sirve fría. Cada una de estas recetas aprovecha la textura y el sabor neutro de esta legumbre para crear platos nutritivos.
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Otra alternativa práctica son los garbanzos crujientes horneados, que se sazonan con limón, pimentón, ajo y comino para obtener un snack saludable. Todas estas preparaciones permiten ampliar la variedad alimentaria sin complicaciones, aprovechando al máximo un ingrediente económico, saciante y fácil de usar.